RELATOS HISTÓRICOS:

NÁPOLES, EL VESUBIO, HERCULANO Y POMPEYA.

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RELATOS HISTÓRICOS:
NÁPOLES, EL VESUBIO, HERCULANO Y POMPEYA.

“Cuando se me pregunta en dónde nací, acude a mi mente el paraíso. Pero si me preguntan cuáles son mis orígenes me pongo a pensar en lo más profundo de mí ser, cómo están formados realmente mis genes, al ser natural de una de las ciudades más antiguas del mundo, situada en el hermoso mar Mediterráneo, en donde muchas razas, en ella vivieron y en ella se multiplicaron. Y donde puedo pensar que yo soy parte de esta infinidad de cultura y que orgullosamente paseo por el mundo entero, transmitiendo la gran cultura que de ellos aprendí.

Ahora que vivo y viviré por siempre hasta el final de mis días en un país y una ciudad con una historia ancestral de otros grandes y extraordinarios orígenes; aprecio lo mismo: la cultura que ellos dejaron para la posteridad.

Monterrey, mi ciudad por destino y por elección propia, en donde la coincidencia aparece en ella otro símbolo como el de mi ciudad natal que es el Vesubio, y que aquí es el cerro de La Silla.
Esta hermosa ciudad cuyos primeros pobladores encabezó Diego de Montemayor en el año de 1596, crearon una de las ciudades más importantes de México, cuyo desarrollo es el motor que ha dado vida a la economía y la prosperidad del país, debido a grandes visionarios que lo hicieron posible. Gracias a Dios que me permitió vivir una vida nueva, en un mundo nuevo”.
A través de la Historia, por miles de años, el hombre ha dejado su huella por todos los caminos. No sólo con la palabra escrita, sino en huesos, caracoles y cuevas donde la fantasía del pintor de la historia, dejó constancia del hacer de hombres y fieras quienes interactuaron en singular policromía.
La vida del hombre se intuye como acumulación de riqueza en el ser y en el hacer y cada individuo erguido en dos pies, estuvo listo para lanzar la piedra, la flecha, la lanza o el disparo del arma de fuego. Es una faceta llena de luces conduciéndonos de la mano por la sombra del ayer, con vocación para entregar a los demás algo de su vida propia, sirviendo de ejemplo y advertencia de estímulo o enseñanza de fracaso o de renovación de vida, en un proceso interminable.
La historia contada así, tiene predilección por figuras de gran relieve, cambiando el curso del mundo. Desfiles de figuras resplandecientes, donde caras, gestos y actitudes, se ocultan en ropajes de elegancia y se dejan de lado los rasgos humanos, por quien pasó por el camino.
Cada hombre, en los millones de habitantes del planeta, tiene la historia de su paso por la vida. Por ello quiero compartir con ustedes la historia de mi tierra natal, NÁPOLES: antigua ciudad portuaria, alabada desde épocas remotas, por poetas, escritores, músicos, pintores y artistas en general; bendecida por los dioses, enalteciéndola, como la ciudad y su bahía, que es una de las más hermosas del planeta. El gran Poeta, “Wolfgang von Goethe”, dijo de ella, “No conozco nada que sea más digno de interés”.

Por su posición geográfica, su historia y su cultura la sitúan como de las más importantes del viejo mundo. Nápoles se encuentra al sur de la bota itálica, bañada por el mar azul del Tirreno; ostenta como bello marco simbólico, el Vesubio, orgullo de todos los habitantes de la región de Campanía.
Además, Nápoles se encuentra rodeado de espléndidas islas, como la de Capri e Isquia, cuya belleza y placidez invitan a vivir por siempre en ellas. Un bello arcoiris de villas campiranas rodean a la ciudad, como lo son Sorrento Positano, Ravello, Amalfi, Herculano y Pompeya.
Los primeros asentamientos humanos de esta región todavía son desconocidos. Se tienen datos históricos de sus primeros moradores naturales conocidos como “oscos”. Se tiene la certeza de que, los primeros inmigrantes llegados eran provenientes de Grecia, de la isla más grande del mar Egeo, llamada Eubea. Fue durante el siglo V a.C., cuando los eolios abandonaron su lugar de origen por múltiples motivos, pero sobre todo por la falta de tierras habitables. A su llegada se establecieron y fundaron la ciudad bautizándola con el nombre de “Cumae”, convirtiéndose ésta en una próspera entidad comercial y económica, encantados por la fertilidad del lugar, y por la gran cantidad de ganado que en él había. La palabra “viteliú” de origen osco que significa becerro, fue utilizada para toda la península; y posteriormente traducida en italiano, significó “tierra de becerros”. Al poco tiempo se formaron otras colonias, como Misenum, Puteoli (Pozzuoli), Nuceria, Pompeya y Parthenope, actual Nápoles, llamada así por el nombre de una sirena que, según la leyenda, habitaba en el mar del golfo de Nápoles, se tiene noticias inciertas, que los etruscos establecidos,
En Capua, una ciudad próxima, se extendieron hasta Herculano y Pompeya.
Se cree que los griegos acabaron con la hegemonía de estos últimos en el sur de la península.
De pronto aumentó la importancia comercial y económica de los griegos y oscos, despertando la codicia de las tribus samnitas, establecidas en las regiones montañosas alrededor de las ciudades adyacentes, suscitando grandes luchas intestinas con resultados victoriosos de estos últimos, cambiando de nombre a la ciudad de “Paleopolis” (ciudad vieja) a “Neapolis” (ciudad nueva).
En el año 326 a.C. también los romanos se hicieron presentes dizque para salvaguardar la seguridad de Roma; pero más que todo para obtener una mayor expansión, por lo que invadieron toda la región, dominando por completo y eliminando la hegemonía samnita.
Los nuevos conquistadores, respetaron usos y costumbres, así como su propio idioma griego, pero el dominio que infundieron en las actividades comerciales, culturales, económicas y políticas, fue total.
El intercambio comercial estaba abierto con todos los países del mediterráneo; en la época la región contaba con 35,000 habitantes.

Con el inicio de la nueva era cristiana, el verbo difundido por los apóstoles, hizo adeptos de inmediato, sobre todo de las clases de menor rango. Se tiene noticia de que la primera iglesia cristiana erigida en Nápoles se remonta al año 88 d.C.

En el año 476 d.C., con la caída del Imperio Romano de Occidente se tienen noticias que el último emperador Rómulo Augusto fue relegado por Odoacro a Nápoles, para residir en el islote Megaris, actual “Castel del Ovo”, frente al barrio de Santa Lucía. La población al presentir un inminente peligro de invasión, por parte de los bárbaros “godos”, reconoció aceptando protección de inmediato del imperio romano de Oriente, creado por Constantino; pero resultó en vano, Bizancio estaba demasiado lejos y la ocupación fue inevitable, aunque duró pocos años, puesto que el emperador Zenón lo derrotó en Ravenna a 493 d.C.

En el año 536 se reiniciaron- las hostilidades. El entonces emperador de Bizancio “Justiniano” envió a Nápoles al general Belisario, al frente de un ejército para liberar la región de los bárbaros godos; después de una sangrienta batalla se logró la victoria deseada.
Muchas otras guerras se tuvieron que librar, hasta la muerte del último rey godo “Teja”.
Pero las guerras seguían con otros invasores, ostrogodos, normandos, francos y otros más. También lucharon los napolitanos en contra de los sarracenos, para defender al cristianismo de una imposición de la religión musulmana.

El término de esta guerra, después de una decisiva victoria, significó el inicio del gran esfuerzo para lograr su libertad e independencia de la dictadura bizantina, después de cinco siglos, hasta el año 1137.
El calvario de los napolitanos, todavía no terminaba; tuvieron nuevamente que soportar más dominaciones extranjeras que les sucedieron con graves consecuencias, y que duraron otros siete siglos, por parte de: Suevos, angioínos, aragoneses, españoles, austriacos y Borbones, siendo ésta la última estirpe que reinó hasta el año 1860 cuando Giuseppe Garibaldi, hizo su entrada triunfal en Nápoles, encabezando a sus camisas rojas Garibaldinas y destronando al último rey Borbón Francisco II. Con este acontecimiento se liberó todo el sur de la península Itálica, de siglos de dominaciones extranjeras.
Con ello, además se daba inicio, a la consumación de la unidad de Italia, realizada por fin el 20 de septiembre de 1870, con Roma como su capital, bajo la protección de una sola bandera tricolor y con el reinado monárquico de los Saboya.
En este breve recuento histórico nos percatamos de que los acontecimientos, sacrificios y demás que, los napolitanos soportaron durante veinticinco siglos, han servido para entregar historia y cultura al mundo entero.
La sola historia de Nápoles no sería concebible, si de ella se excluyesen los apasionantes y trágicos acontecimientos, que a través de los siglos han sido manifestados por, el considerado con orgullo, símbolo de la ciudad de Nápoles, la montaña volcánica, llamada Vesubio.

EL TRÁGICO Y BENEMÉRITO VESUBIO

Trágico por sus erupciones, que provocaron en el pasado la grande calamidad apocalíptica que destruyó enteras ciudades como: Pompeya, Herculano y Stabia; benemérito porque ha conservado casi intacta sus víctimas, silenciosas y elocuentes testimoniales de un glorioso pasado, de una vida laboriosa, de una civilización, que nos expone en sus mas íntimas esencias. Su aspecto se presenta inmenso y gris, con sus dos cimas del monte Osma y Vesubio, altas cercas de 1270 mts. Después de la última erupción de consideración en el año 1914, se presenta casi en letargo, y ha perdido el famoso peñasco de fumarola tanto familiar, como legendario de los napolitanos, que al mismo tiempo, esperan siga durmiendo por milenios.

Su desnudez debida a los ríos de lava y cenizas, infunde respeto y temor a la vez; sin embargo, el Vesubio no ha sido siempre así; más aún, antes de la fatídica erupción del año 79 d.C., tenía su cima coronada de bosques, donde abundaba el hirsuto jabalí, mientras lozanos viñedos engalanaban sus faldas. El exquisito vino vesubiano, orgullo de los pompeyanos era conservado en ánforas especiales para distinguirlo de los demás.

Se tienen noticias desde la antigüedad, de la verdadera naturaleza volcánica del Vesubio; de la que ya se habían percatado algunos estudiosos como: Diódoro, Siculo, Estrabón y Viturbio; pero quienes realmente hubieran podido referirnos conocimientos científicos precisos, eran Séneca y Plinio el viejo; mas al primero le sobrevino la muerte en el año 65 y el segundo fue víctima de la famosa erupción del 79, en un intento de salvar víctimas en Stabia.

Otras erupciones siguieron en los años 302, 472, 512, 635, 993, 1036 y 1139; después de la última, el volcán permaneció inactivo por largo tiempo y sus faldas se volvieron a repoblar de bosques y cultivos; hasta que, en diciembre del año 1631, entró de nuevo en erupción, provocando miles de víctimas humanas. A esta última le siguieron otras numerosas, que ocasionaron ingentes daños y modificaciones de la misma forma (1724 y 1794).

En la época moderna se despertó un movimiento de curiosidad por parte de la población, por visitar la cima del cráter. Así que en 1884 se construyó un funicular, mismo que inspiró al poeta Napolitano Luigi-Denza, para que le compusiera la mundialmente famosa canción “Funiculí, Funicula”. Posteriormente otras erupciones se presentaron, en los años 1906, 1944, 1964 y la última en 1986, todas ellas de leves consecuencias.

Ampliando un poco los acontecimientos de las mayores tragedias vesubianas, diremos que con el pavoroso terremoto del año 62 d.C. todas las ciudades circundantes al Vesubio, sufrieron graves daños; hasta casi 22 kilómetros que distancian a Nápoles del volcán. Cabe destacar que la lluvia de ceniza oscureció toda la ciudad. En breve tiempo se iniciaron los trabajos de reconstrucción, tratando de olvidar el pasado. Muchos apoyos económicos llegaron de Roma, por indicaciones expresas del propio emperador Claudio Cesar Nerón, que tenía especial predilección por esta hermosa colonia romana, que era un lugar de inspiración para sus manifestaciones artísticas; y que además era destino de descanso veraniego de todos los emperadores, como también de los ricos ciudadanos romanos, quienes construyeron grandes y lujosas villas por todo el Golfo de Nápoles y sus alrededores, pues sentían una especial atracción en especial de Pompeya. El nivel cultural del pueblo era muy elevado, gracias a la influencia griega, implementada en años anteriores.

Durante la influencia romana, se edificaron las gigantescas termas Stabianas, allí se encontraba cuanto se podía desear, baños individuales de pila, de vapor, gimnasio para ejercicios, etc. Todas las instalaciones permanecían abiertas las 24 horas. Además tenía un hermoso anfiteatro con capacidad para 5,000 personas, que los mismos romanos de la capital añoraban.
La fuerza espiritual de los pompeyanos eran sus dioses y diosas, siendo los doce más importantes: Júpiter, Apolo, Marte, Vulcano, Mercurio y Hércules, Juno, Minerva, Venus Pompeyana, Diana, Ceres y Proserpina. Definitivamente, el crecimiento de Pompeya continuó en ascenso desde el año 14 al 54, durante el reinado de Tiberio, Calígula y Claudio.

En Herculano la situación de la población era diferente, había gente muy rica, pero también muy pobre, además de esclavos, razón por la cual fueron los primeros en aceptar con agrado la nueva creencia cristiana, predicada por el apóstol San Pablo; quien, en los años 60, se hizo presente en la región. Precisamente en la ciudad de Pozzuoli, durante su viaje en cautiverio para presentarse ante Nerón hacia Roma. Los días en aquella región trascurrían plácidos y felices; el orgulloso Vesubio dominaba tranquilamente la vida de las ciudades de su alrededor, formando un bello arco iris, junto al hermoso golfo de Nápoles, cuyo aspecto exterior no infundía el más mínimo peligro; pero, en el interior, se estaba gestando el más horrendo cataclismo, que en sólo 24 horas, convertiría una hermosa y próspera región, en un montón de escombro. Los únicos que presentían la futura tragedia, fueron todos los animales, que se mostraban inquietos sin motivo aparente, y sobretodo los pájaros, que enmudecieron en días anteriores. Ningún ser humano podía imaginarse la profundidad de la trágica erupción, cuyo efecto era de total destrucción, sepultando integralmente las ciudades de Herculano y Pompeya y en parte la de Stabia y Nocera. La tragedia ocurrió el 24 de agosto del año 79 D.C. al filo de mediodía; gran parte de la población de veinte mil almas murieron sofocadas, buscando en algún inútil refugio, alejarse de la furia destructora del fuego y exhalaciones tóxicas; la agonía debió ser terrorífica. El efecto del terremoto fue devastador, alcanzó una magnitud de 9 grados Richter. Desde entonces, la boca del cráter del Vesubio, ha adquirido un enorme diámetro. Después de quince siglos de aquellos trágicos acontecimientos, como por tantos mas de otras índoles sucedidas en la formación de nuevas razas y de vida social, económica y política por toda la península itálica, todo quedó en el olvido, desapareciendo toda traza del pasado; hasta que un día de 1594, un arquitecto, Domingo Fontana, en el intento de construir un canal, en las cercanías de Herculano (Torre Annunziata), descubrió un epígrafe, y quedó sorprendido por el hallazgo, pero no le dio la importancia requerida.
Por años se formaron leyendas del suceso, hasta que en el año 1758, el rey Carlos de Borbón, autorizó las primeras excavaciones oficiales, pero solo se logró encontrar algunos objetos, como pocas estatuas grecorromanas. Los rumores, como curiosidad, seguían, pero las excavaciones continuaban con lentitud, sobre todo por falta de fondos necesarios.

En el año 1815 y 1832, durante la época napoleónica y la segunda restauración Borbónica, se dió un mayor impulso a los trabajos de excavación, obteniéndose grandes descubrimientos arqueológicos.

En los años 1850 y 1860, durante el inicio de la unidad de Italia, se siguieron métodos científicos, para llegar a la completa exposición de las ciudades sepultadas por el Vesubio, después de casi veinte siglos, y que hoy podemos admirar estupefactos de tan importantes acontecimientos históricos, patrimonio de la humanidad. Los testimonios recuperados de estas ciudades sepultadas de Herculano y Pompeya, se pueden admirar ahora, en el importante y gran Museo Nacional de Arqueología de Nápoles.


SALVATORE SABELLA BRACALE
Originario de Nápoles
Miembro de la Sociedad de Historia,
Geografía y Estadística de Nuevo León.